
Algún día se enterarían de quién era que movía el espejito, el cepillo de plata y la polvera dorada, pero aún tenían que pasar algunos años. Y, mientras, mi abuela seguiría lamentando que los duendes, o los ratones, descolocasen cada noche su tocador. Mi madre seguiría atosigando a mi padre para que ingresara en una residencia a su señora madre, que daba demasiadas muestras de senilidad. Y yo, el hombrecito de la casa, seguiría esperando cada noche a que todos estuviesen dormidos para entrar en la alcoba de la abuela, y jugar a ser la mujer que había dentro de mí.
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"Mi cámara de fotos falló bastante, asi que estaba tan pendiente de sus desmanes que cuando llegó mi turno casi no me di cuenta. Me quedé clavada en la estantería..."
Blog de Beatriz Alonso Aranzábal: Cartas Sin Sellos
3 comentarios:
Muy buena esta iniciativa tuya Danik, desde luego es la mejor forma de tener todo "atado y bien atado"... para que no se suelte la madeja.
Un beso grande
Bea
PD: por favor, revisa el enlace a mi blog, da error, gracias.
Que no se suelte, seguimos tejiendo...
Enseguida reviso el enlace.
Un abrazote y gracias por colaborar.
Ahora sí, lo revisé, corregí y sale perfecto.
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